Es el gran protagonista de la saga, a pesar de que esta está llena de personajes que me han enamorado por completo. Podría decirse, sin embargo, que él es el mejor representante de Trece Tronos, de su dinastía y de todo cuanto gira en torno a él mismo; el mejor representante de los suyos y también de sus enemigos porque al final, junto a él, descubrimos que no hay malos ni buenos, sino personajes con sus propias vivencias y situaciones, convencidos de sus objetivos, con fines muy diferentes y generalmente, entendibles. 

Con Resryon se da la particularidad de que, a diferencia de lo que suele suceder, no es un personaje que se vaya construyendo sobre la marcha, sino más bien un personaje que se "desconstruye"; al menos, en gran parte. Y esto es así porque la saga toma inicio desde un punto concreto y, en buena medida, acontece hacia atrás. A Res, como lo conocen los que le tratan, lo descubrimos con 23 años; después, con 18 y finalmente, llevamos a cabo un recorrido a través de toda su infancia y adolescencia hasta conectar con los puntos que ya conocemos. Y eso lleva implícita cierta complejidad.

Los golpes, los aciertos y equivocaciones curten a un personaje (igual que curten a una persona en la propia vida) y de todo lo acontecido podemos hacernos una idea de en qué podemos convertirnos; a algunos los hace ser de una manera; a otros, los hace ser de otra. Pero existe una evolución natural y justificada. Sin embargo, intuir cómo sería un personaje antes de determinadas vivencias, devolverle una ingenuidad perdida, una osadía aplacada, un orgullo apagado sin romper con la esencia del propio personaje me pareció, en su momento, un reto más que interesante y con cuyo resultado estoy muy contenta. 

Como digo, a Resryon lo conocemos en todos y cada uno de los momentos de su vida y de ellos se puede hablar sin hacer un solo spoiler. ¡Palabrita!

7 años: el ingreso en la Praes

En construcción.

La vida de Resryon, como la de cualquier niño ántico, cambia a los 7 años, aunque la suya siempre será una excepción. A esa edad, un brujo de la terra imperial puede acceder a la Praes, que es la legión de formación o prelegión. Sin embargo, es cierto que a esa edad, él ya lleva algún que otro año siendo instruido, con mayor vehemencia en otras artes como el aprendizaje acerca de las diferentes terras que forman el Imperio de la Noche, geografía, lenguas, etc. Pero es a esa edad cuando la exigencia se torna exponencial. Y es a esa edad cuando lo conocemos en Augis. De lo que acontece en la novela no diré nada, por supuesto. Sí de cómo es él.

Ante todo y sobre todo, Resryon es un niño y, como tal, le confiere a cada uno de sus actos una naturalidad absoluta. A pesar de ser un príncipe no cae, en ningún momento, en clasificaciones personales y eso que, el Imperio que su familia expande durante años, sí ha tratado, tradicionalmente, a las demás como a seres inferiores (no todos, por supuesto, pero en cada emperatriz y encada emperador, la idea de la subordinación persiste y los pequeños crecen con la firme convicción de que cualquier territorio noctis ha de someterse al dominio ántico como una idea natural). 

Es cierto que su padre insiste en un concepto de invasión pacífica, algo que puede resultar contradictorio. Ántico ha de hacerse con el dominio de las otras doce terras, sí; eso es innegociable, pero hay formas y formas. El emperador cree que la diplomacia ha de ser siempre el primer intento y, por tanto, trata de inculcar en sus hijos un sentido de igualdad, respeto y justicia respecto de las demás terras. Con Resryon, esto lo consigue a medias. 

Aunque es una costumbre a la que Doroyan pone fin, igual que lo hicieron a lo largo de la historia otras tantas emperatrices y emperadores (otros reinstauraron la traidición), Ántico arranca a niños de otras terras brujas para convertirlos en soldados del Imperio, vendiéndole a esas terras lo ventajoso de esto: los niños serán cuidados y tratados igual que un ántico y, si viven los horrores de la guerra, lo harán en el bando de los vencedores. Más que cuestionable, por supuesto. Pero lo cierto es que muchos consideran perder a sus hijos de ese modo como un mal menor, pues de lo contrario, el monstruo de la guerra se los arrancará de otro modo. Otros, pese a no aceptarlo, verán arrancados a los niños de sus brazos. 

Nacimiento: un niño muy deseado

Tal y como establece la ley ántica de sucesión, la mujer tendrá prioridad sobre el hombre para ocupar el trono, mientras que el hombre la tendrá sobre la mujer para liderar a la Leggio, el grueso de las legiones brujas, las más poderosas del Imperio de la Noche. Así las cosas, y teniendo ya Doroyan y Alya a una niña de 4 años, la pequeña Ascya, la llegada de su segundo hijo, Resryon, se recibe con enorme felicidad. Aunque nada garantiza la valía del pequeño el día de mañana para ocupar el mando supremo del ejército, a priori, todo presenta un panorama ideal. Ascya será emperatriz y si nada lo impide, Resryon se convertirá en el general de las tres legiones: Áurea, Argentum y Aes. 

Así las cosas, resulta curioso que la exigencia para este puesto sea superior a la que solicita el trono. No siempre el hijo de un emperador resulta finalmente capacitado para liderar a los ejércitos brujos, aunque siempre será la primera opción. Sin embargo, es mucho más extraño que la hija o hijo de una emperatriz o emperador no sea idónea para el lugar que ocupará. 

Antes incluso de su nacimiento, Resryon es ya objeto de innumerables expectativas. Ocupado el mando supremo de las legiones por Pandian Drokkoriah, en la figura del príncipe se depositan las esperanzas para dejar a un lado la figura del 'in nominem', utilizada con los generales que no son hijos de una emperatriz o emperador. Y es que, desde Urma Vakko, cuyo hijo Baggon lideró a la Leggio, no ha vuelto a ocupar el rol el hijo de otra emperatriz. 

Preparando al general: antes de la prelegión

Tal y como dictamina la ley ántica, un niño no puede acceder a la formación en las legiones hasta los 7 años, pero en el caso de Resryon todo es siempre una excepción o, por lo menos, está cargado de puntualizaciones. Ciertamente, el príncipe, al igual que cualquier otro pequeño, no podrá dar inicio a su aprendizaje en la Praes hasta los 7 años de edad, pero la labor de formar a un general da inicio mucho antes. Hasta entonces, Resryon combina sus lógicos ratos de asueto y juegos con férreas lecciones entre libros e instructores. A él se le exigirá dominar todas las lenguas que se hablan en el Imperio, incluidas las de terras enemigas y también el kraático, un dialecto que solo conocen las emperatrices y emperadores, pero que Doroyan, se ha empeñado en que el menor de sus vástagos también conozca. Geografía, política, cultura general. A pesar de contar con tan corta edad, ni la emperatriz ni el emperador escatiman esfuerzos para su hijo, que también blande espadas de madera con la que sus instructores personales y hasta algún general de la Leggio empieza a inculcarle sus primeros conocimientos en el noble arte de la guerra. 

Intoranos, télasos y, aunque más raramente, hasta domarneses y catarneses crecerán al amparo de la disciplina imperial y a esos, Resryon nunca los hará de menos ni los tratará con desprecio. En su ideal, un día servirán a Ántico y en su figura, como general de la Leggio, quedará representada buena parte de esa idea. También servirán a su hermana.

Así pues, también con ellos, el sentido de la justicia lo llevará a más de un problema. A nadie le importaría culpar a un intorano de algo que no ha hecho en el seno de la prelegión, pero Resryon crece con una idea de la lealtad implacable y ¿quién puede serle leal a alguien a quien no le importas? Obedecerán por obligación, pero esa no es la idea de fidelidad a la que el niño aspira, aun a tan corta edad. 

Más allá de los que servirán al Imperio, el resto sí cuenta con su menosprecio; a su juicio, no son más que necios que rechazan las oportunidades que Ántico les concede y no hacen más que llenar de quebraderos de cabeza a su padre. Merecen cualquier guerra que se lleve a sus terras.

9 años: la muerte de Alya y el inicio de la Augis

Al tiempo que el niño experimenta un ascenso meteórico en el seno de la Prelegión, le tocará afrontar uno de los golpes más duros de su vida: la muerte de su madre. La confianza de Alya en su hijo es total y así se lo ha expresado siempre, razón por la cual Resryon asume el compromiso de honrar a su madre cada día de su vida y hacer gala de una fortaleza de la que siempre ha oído hablar, pero que, hasta entonces, no había tenido que poner en uso.

Aquella noche, despidiendo a su progenitora en el templo de La Cúpula, siente, por primera vez, un miedo diferente al que le cuesta enfrentarse; no es un enemigo contra el que luchar, no es un adversario al que plantar cara con una espada. Es algo distinto que arrastra tras de sí un halo de tristeza. Las paredes del Áleon se tornan frías y silenciosas. Su hermana Ascya es una niña de apenas trece años que trata de sobrellevarlo a su manera y, en cuanto a su padre, la muerte de la emperatriz sella un antes y un después para Doroyan. 

El emperador empieza a aislarse del mundo. Perdido su gran apoyo, confía por completo la educación de sus hijos a los preceptores y eso sume a Resryon en una suerte de soledad que suple con los generales de la legión. Pandian Drokkoriah y Moran Tropps, se convierten en padres para él. La calma medida de uno; el empuje belicoso del otro. Todo ello fragua la personalidad del pequeño que vuelca en su formación toda frustración, toda tristeza y toda rabia. Porque Doroyan precisa hacer desaparecer cualquier rastro de su esposa para seguir adelante, pero Resryon necesita tener a su madre muy presente y, en silencio, aborrece la actitud de su padre. Sin embargo, jamás se lo hará saber, pues hacia el emperador no cabe más que respeto y obediencia. 

La muerte de Alya se da poco tiempo después del nacimiento de su hija pequeña, Ottana. Un pequeño legado del que también se hace necesario cuidar. Resryon es cariñoso con ella y atento a pesar de sus múltiples obligaciones. 

13 años: imparable, hacia la Argentum

A pesar de todas las dificultades vividas, el ascenso de Resryon en la prelegión es asombroso para propios y extraños. Las capacidades del niño con una espada en las manos son brillantes y solo comparables a su inteligencia, su ingenio y su sentido del deber. Aun viendo multiplicada la exigencia en la Praes, el chico no descuia su formación fuera de ella, lo cual prácticamente lo deja sin tiempo para jugar y ser lo que, en definitiva, es: un niño. 

Todo ello empieza a dar lugar a la Augis; porque un general no será nunca solo eso, sino él mismo y su legión. Y eso es lo que ha conseguido el príncipe con otros once muchachos, los más brillantes de la generación 390 que conforman los nacidos en su mismo año. Y, al cumplir los 13, todos ellos muestran ir tan sobrados en los aprendizajes que los instructores concuerdan en la necesidad de dar por concluida su primera etapa en la Praes para no estancar su progresión. Resryon y los chicos a los que lidera entrarán a formar parte del batallón en formación de la Argentum, la legión de plata licántropa. 

No se admiten brujos en la Argentum, pero el aprendizaje en la Praes destina un año a los muchachos a formarse con los hombres-lobo. Su capacidad para rastrear y conocer Ántico al milímetro les concede un don privilegiado para salvaguardar bosques, llanuras, montañas, la propia ciudad imperial y hasta el mar. Eso sí, la instrucción con Moran Tropps, que se encarga personalmente de aquel grupo de renombre, es famosa por ser extremadamente dura y complicada. Si demuestran no estar a la atura, de hecho, volverán a la Praes con el deshonor que un paso atrás, supone.  A pesar de la proeza porque, a la Argentum se llega habitualmente con 16 años. Ellos lo harán 3 antes. 

Continuaremos.